Los alumnos de Cuarto de ESO han estado aprendiendo estos días las partes instrumentales de una conocida versión de la Balada de Mackie Navaja, de La ópera de los centavos de Kurt Weill.
Hemos incorporado a la sencilla melodía y al bajo del popular tema unos ritmos en láminas y claves, que se repiten incesantemente provocando algunas disonancias.
Dado que esta canción se ha versionado tanto en el jazz, os incluimos en el wix además de la versión original en alemán (por Lotte Lenya), una interpretación del tema de Louis Armstrong, aunque ya sabéis que esta vez verdaderas estrellas son los alumnos de 4º, cuya ejecución instrumental brilla especialmente en el decrescendo final.
Pensando sobre todo en los alumnos de Cuarto ESO, he dejado en esta entrada el enlace a un mapa conceptual del jazz. Agradecemos a Mª Jesús Camino el hecho de incluirlo en su blog Recursos Musicales ya que nos va a resultar muy útil como punto de partida para estudiar los estilos del jazz y poder escuchar de forma muy organizada a sus principales intérpretes. Esperamos aprovecharlo al máximo.
Nos trasladamos a los años 40: las big bands y la era del swing. Y lo hacemos de la mano de los alumnos de 4º ESO, escuchando la grabación de una de las piezas emblemáticas de la época: In the mood (En forma).
Su autor, Glenn Miller, se alistó en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, encargándose de tocar para las tropas americanas que luchaban en Europa. Glenn Miller nunca pudo regresar a América: falleció en accidente de avión cuando se dirigía a iniciar una gira para tocar en varias ciudades europeas que ya habían sido liberadas por las tropas aliadas.
Pinchando la imagen podréis escuchar nuestra versión de la pieza que fue quince semanas consecutivas número uno de las listas de éxitos en 1940. A ver si para la próxima grabación nuestros tímidos músicos de 4º se atreven a dejarnos ver el vertiginoso movimiento de sus baquetas en un vídeo. De momento nos tendremos que conformar sólo con oirlos.
Aunque sé que alguno de mis alumnos de la Sección Bilingüe de Primero de ESO, a estas horas aún estará perjudicado a causa de las fatigas de nuestro viaje a Futuroscope, no queda más remedio que continuar trabajando.
Esta semana vamos a alternar nuestro repaso a los intervalos (no os olvidéis de que tenemos el examen prácticamente ya) con una pieza que seguro que os saca del bajón que produce la vuelta y que nos anticipa el tema del jazz, que estamos a punto de atacar.
Así que si pincháis en la imagen nos vamos de viaje otra vez, pero esta vez cruzamos el charco. Con "genuino sonido americano".
Hijo de un cantante de ópera, este neoyorquino empezó a ser conocido en los escenarios del jazz durante los años ochenta, tras haber debutado en cabarets y clubs de Nueva York. Después del gran éxito de su disco The voice y de su aparición en el show de Bill Cosby, llega el tema con el que será conocido en todo el mundo (Don't worry, be happy) y la fama ya no le abandona.
Más allá de su asombrosa técnica vocal, llaman la atención el modo en el que es capaz de penetrar en la música, sea cuál sea su estilo o la época en que se escribió, y la manera en que logra hacer que esa "disección" parezca lo más simple y natural del mundo. Un ejemplo: en el siguiente vídeo McFerrin aparece en una conferencia titulada Notas y neuronas: en busca del coro común (dentro del World Science Festival), en la que se debate si nuestra respuesta a la música está condicionada culturalmente o es natural. Para argumentar su opinión, no duda en hacer participar activamente al público, y ocurre lo siguiente:
Para los que os habéis quedado con ganas de saber lo que dice en su conclusión: "...lo que resulta interesante de esto es que no importa dónde esté, dónde sea, todas las audiencias lo entienden... no importa dónde... Es la escala pentatónica." Y el sesudo científico de la izquierda le ofrece un empleo: "Si buscas trabajo en neurociencias...". Parece que le ha gustado la "explicación".
Y como ejemplo de sus versiones de clásicos, nos canta la Habanera de Carmen, esta vez con compañía.
Durante el puente de San Jorge nos escapamos hasta Futuroscope y de paso visitamos un par de los famosos castillos del Loira. El castillo de Chambord nos dio la oportunidad de imaginar cómo serían aquellos bailes de máscaras a los que los franceses eran tan aficionados en el Renacimiento y Barroco. En unas grandes salas, unos maniquíes unos permitían hacernos a la idea de lo que debían de pesar esos trajes que impedían los libres movimientos del cuerpo; pudimos ver las cámaras privadas de los habitantes del castillo, lugares de las que toman su nombre las pequeñas agrupaciones vocales e instrumentales y cómo muchas de ellas tenían sus atriles dispuestos para que los músicos amenizaran la estancia de los habitantes del castillo; allí estaban los bustos de Moliére, dramaturgo francés que tiene la "culpa" de que el amarillo sea el color de la mala suerte en el mundo del teatro y de Lully, músico tristemente famoso por la absurda forma de morir que tuvo: mientras dirigía su orquesta se golpeó el pie con el bastón de madera con el que marcaba el compás, se le infectó la herida, se le gangrenó y como no consintió en que le cortaran la pierna, murió de una septicemia. El castillo de Chenonceau fue propiedad en el S.XVIII de Madame Dupin, abuela de George Sand, pseudónimo masculino que utilizaba para publicar sus artículos Aurora Dupin, amante del gran pianista y compositor polaco Chopin. La gran relación que tenía con los grandes pensadores de la época (Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot) salvó a Chenonceau de la destrucción durante la Revolución Francesa. En Futuroscope la música fue la protagonista durante el espectáculo nocturno de luz y sonido. El hilo argumental del mismo fue la búsqueda desesperada de una nota azul, que concluyó en un descubrimiento "asombroso": la nota azul es la que todos llevamos dentro y que sólo sacamos cuando realmente nos emocionamos con la música. Parece que los creadores de este espectáculo no saben que las notas blue ("azules") son el tercer, quinto y séptimo grado de una escala reducidas un semitono para conseguir el aire melancólico que tiene el blues, uno de los estilos que originaron el jazz en Estados Unidos. Como compensación a este pequeño desliz semántico-técnico-musical, lo mejor de esa parte de la noche fue comprobar cómo los alumnos del instituto identificaban con gran soltura los signos musicales de colores y los retratos de compositores que salían del agua y de esas nubes de vapor entre las fuentes. Si le añadimos que en varios casos acertaron títulos y autores de los fragmentos que sonaban en cada parte ... comprenderéis lo huecos que estábamos ciertos profesores de música. "Al menos se enteran de algo" - pensábamos algunos. Música por todas partes durante el viaje. Quisiéramos o no. Sobre todo en el autobús.